CLANES GUINDAS: EN OAXACA EL ERARIO NO SE TRANSFORMA, SE HEREDA

Sayda Morales Bustamante

Hay algo que resulta profundamente irritante para la ciudadanía: escuchar todos los días discursos contra el nepotismo mientras, en los hechos, apellidos completos viven del presupuesto público.

Morena llegó al poder prometiendo romper con las viejas prácticas. Prometió terminar con los clanes, con los grupos familiares incrustados en el gobierno, con las dinastías que se heredaban cargos como si fueran patrimonio personal.

Pero en Oaxaca, esa narrativa empieza a desmoronarse.El caso de los López Jarquín es evidente.Alejandro López Jarquín dejó el IOCIFED arrastrando señalamientos por corrupción, por contratos empresas fantasma y por escándalos administrativos que desgastaron su permanencia. Su salida no fue producto de un reconocimiento voluntario, sino de la presión acumulada.Sin embargo, el apellido no perdió presencia.

Casi de inmediato, su hermano Carlos López Jarquín fue nombrado titular de CORETURO. El relevo no fue institucional; fue familiar. El mensaje fue sencillo: aquí nadie se va del todo, solo se reacomoda.A eso se suma la participación de su esposa en cargos relevantes al inicio del sexenio.

Una familia completa ocupando espacios estratégicos. Y aun así, se insiste en hablar de combate al nepotismo.Pero si ese caso ya resulta preocupante, el de los López García es todavía más delicado.

Oliver López García, diputado local de Morena, fue exhibido en un audio donde presuntamente admite la existencia de listas negras, condicionamiento de apoyos federales y exigencia de credenciales del INE para clasificar políticamente a ciudadanos en Santa María Petapa.

La frase atribuida a él es directa: “Si no es nuestra gente, no hay apoyo.”Se suma a las denuncias de operar junto a otros funcionarios de tengo en Morena, una red de favores sexuales y de coacccion a mujeres.

¿La reacción institucional? Silencio.No hubo suspensión, no hubo investigación visible, no hubo deslinde firme.Al contrario: se le integró a comisiones legislativas y se mantuvo el respaldo partidista.

Su hermana, Rosalinda López García, también ha estado bajo el reflector por antecedentes y señalamientos graves documentados en reportes militares filtrados años atrás. Y pese a ello, el partido no ha ofrecido explicaciones claras.

Cuando una familia concentra poder político, presencia legislativa y aspiraciones judiciales, la palabra “dinastía” deja de ser exageración.

Sin el efecto AMLO —que durante años funcionó como escudo electoral y capital moral— Morena ya no puede permitirse incoherencias tan evidentes. Hoy el desgaste no viene de la oposición; viene de la contradicción entre lo que se promete y lo que se hace.

Porque mientras el discurso habla de transformación, en Oaxaca lo que se percibe es continuidad con otro color.

La ciudadanía no votó para que cambien los apellidos de los beneficiados. Votó para que se terminaran los privilegios.

Y cuando un partido empieza a parecerse a aquello que juró combatir, el problema no es mediático. Es político.