Sayda Morales Bustamante
Hay una frase que debería marcar el tono de la etapa que viene en la comunicación política del gobierno estatal: hay que tender puentes, en lugar de apretar nudos.
En política, especialmente en contextos complejos, la comunicación no es un simple ejercicio de difusión. Es un instrumento de estabilidad, de diálogo y, sobre todo, de gobernabilidad. Cuando la comunicación se convierte en una herramienta de confrontación o de cierre, los efectos no tardan en aparecer: se multiplican los frentes, crecen los malentendidos y se erosiona la relación con actores que, al final del día, forman parte del ecosistema público.
Oaxaca atraviesa un momento político delicado. La agenda pública está marcada por tensiones sociales, exigencias de transparencia, debates internos dentro de los propios partidos y un entorno nacional donde cada decisión local se amplifica rápidamente. En ese escenario, la política de puertas cerradas no suele ser una estrategia eficaz.
La comunicación institucional no puede entenderse como un filtro que solo permite pasar lo conveniente. Tampoco como una barrera frente a la crítica. Su función real es mucho más sofisticada: articular interlocución, escuchar, procesar y canalizar.
Por eso, la nueva etapa en la coordinación de comunicación social del gobierno estatal enfrenta un reto claro: construir relaciones, no fracturarlas. La prensa, los analistas, los liderazgos sociales y los distintos sectores de opinión no desaparecen por ignorarlos; al contrario, suelen fortalecerse cuando se les coloca fuera del diálogo.
Tender puentes implica algo más que convocar conferencias o emitir comunicados. Significa entender que en democracia la crítica es parte del proceso político. Significa reconocer que el diálogo temprano suele evitar conflictos mayores. Y significa también asumir que la comunicación pública no es un terreno de control absoluto, sino un espacio de interacción permanente.
El gobierno de Salomón Jara ha insistido en la idea de una transformación política y administrativa. Para que esa narrativa tenga consistencia, la comunicación institucional debe reflejar apertura, madurez política y capacidad de interlocución.
Cerrar puertas rara vez reduce las tensiones. En la mayoría de los casos, solo las pospone o las desplaza a otros espacios menos controlables.
Oaxaca es un estado con una vida pública intensa, con medios críticos, con actores sociales activos y con una ciudadanía acostumbrada a debatir lo público. Pretender que ese ecosistema funcione bajo una lógica de silencio o de exclusión es desconocer la naturaleza política del propio estado.
Por eso la consigna es simple, pero estratégica: tender puentes, no apretar nudos.
En tiempos donde los equilibrios son frágiles, la política inteligente no es la que acumula adversarios, sino la que construye interlocutores.