OAXACA PONE A UNA PROPAGANDISTA CASTRISTA AL FRENTE DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Irma Amelia Valdivieso Suástegui

Elizabeth Gutiérrez Martínez

En una decisión que ha encendido alarmas entre padres de familia, maestros y analistas políticos, el gobierno del estado de Oaxaca designó a Irma Amelia Valdivieso Suástegui como nueva Directora General del Instituto de Estudios de Bachillerato del Estado de Oaxaca (IEBO). El nombramiento, lejos de ser una decisión técnica o meritocrática, tiene un marcado perfil ideológico que preocupa a quienes defienden una educación libre de adoctrinamiento.

Lo que el gobierno oaxaqueño no anuncia a bombo y platillo es el otro expediente de Valdivieso Suástegui: su cargo como Coordinadora Estatal del Movimiento Oaxaqueño de Solidaridad con Cuba, organización desde la cual ha fungido como publicista entusiasta de la dictadura castrista, defendiendo abiertamente la “lucha contra el imperialismo yanki” y difundiendo la narrativa oficial de un régimen que lleva más de seis décadas aplastando a su propio pueblo.

“Si admiras la revolución cubana, admiras el hambre, los apagones y los presos políticos. Eso no es un modelo educativo: es una advertencia.”

— Voz de la ciudadanía oaxaqueña

Resulta pertinente recordarle a la nueva directora —y al gobierno que la nombró— cuál es el resultado concreto del sistema que tanto elogia. Cuba, el “paraíso castrista”, es hoy uno de los países más pobres del hemisferio occidental. Sus ciudadanos sufren cortes de luz que duran hasta 20 horas diarias, desabasto crónico de alimentos y medicamentos, y una represión política que no distingue entre periodistas, artistas o estudiantes.

Mientras la nueva funcionaria del IEBO soñaba con la “solidaridad internacionalista”, más de 500,000 cubanos cruzaron hacia Estados Unidos solo en 2023. No huían del imperialismo yanki: huían de la revolución. Ese es el modelo que Valdivieso Suástegui considera digno de admiración y difusión. Ese es ahora el perfil ideológico al frente de la educación media superior en Oaxaca.

En un contexto en que México busca —o debería buscar— consolidar su posición estratégica ante los Estados Unidos, su principal socio comercial, el gobierno de Oaxaca opta por colocar en un cargo educativo clave a una funcionaria cuya trayectoria pública está marcada por la hostilidad explícita hacia Washington. El mensaje que se envía al norte del río Bravo no es precisamente de buena vecindad.

¿Puede un estado que depende de las remesas, del turismo y del comercio con EUA permitirse el lujo de poner en la vitrina educativa a una promotora del antiamericanismo? La respuesta lógica es no. Pero la lógica, al parecer, no fue consultada en este nombramiento.

La noticia no tardó en provocar la reacción de comunidades de padres de familia en diferentes municipios del estado. Agrupaciones de distintas regiones de Oaxaca manifestaron su rechazo a lo que califican como una “dictadura del conocimiento bolchevique” impuesta desde las cúpulas gubernamentales.

“Nosotros mandamos a nuestros hijos a aprender matemáticas, ciencias, historia y a desarrollar un pensamiento crítico libre”, declaró un vocero de padres de familia. “No los mandamos para que les enseñen a odiar a Estados Unidos o a romantizar regímenes que han hundido a sus pueblos en la miseria.”

Los padres de familia exigen que el gobierno del estado explique con qué criterios se designó a Valdivieso Suástegui, y si su militancia en causas pro-castristas fue considerada —o premiada— al momento de tomar la decisión.

Oaxaca es un estado con una riqueza cultural, histórica y humana extraordinaria. Sus jóvenes merecen una educación de altura, conectada con las realidades del siglo XXI, con las oportunidades que ofrece la economía global y con los valores democráticos que han demostrado —a diferencia de las utopías revolucionarias— ser el mejor camino hacia la prosperidad.

La designación de Valdivieso Suástegui es, en el mejor de los casos, una pésima señal de a quién le deben favores quienes gobiernan el estado. En el peor, es un intento deliberado de usar el sistema educativo como plataforma de propaganda. Ninguna de las dos opciones es aceptable.